Mensaje P. Tony Salinas
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martes, 8 de abril de 2014
“El Señor los necesita los devolverá pronto…” (Mt 21,1-11- Domingo de Ramos)
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Al Encuentro de la Palabra…
“El Señor los necesita los devolverá
pronto…” (Mt 21,1-11- Domingo de Ramos)
Hoy inicia el gran anuncio
del Kerigma cristiano, a través de lo que se llama la “Semana Grande”, como la
llaman las iglesias orientales, en cambio el rito ambrosiano de Milán la llama
la “Semana Auténtica” y nosotros la “Semana Santa”. “Semana Mayor”, se le llama
también en nuestros ambientes populares, que se inicia con la entrada solemne
de Jesús a la ciudad santa de Jerusalén, anticipando de manera simbólica su
triunfo sobre la muerte. Este domingo, se inicia con la procesión con la
lectura de este evangelio que narra la entrada de Jesús a la ciudad; seguirá en
la liturgia eucarística, las extraordinarias lecturas, llena de inmenso
significado. La figura del “Siervo del Señor”, viene presentado por el profeta
Isaías en la primera lectura. Éste es
golpeado por la espalda, precisamente como se hacía con los bufones en la corte
o con los estúpidos. Es rodeado por un desprecio agresivo (insultos y salivazos),
es sometido a violencias y torturas (el tirón de la barba). Se medita pues, en
la cambio de la vía de la esperanza mesiánica, un cambio cantado por el himno
célebre de san Pablo en el capítulo 2 de la carta dirigida a la Iglesia griega
de Filipos. El acontecimiento vivido por el Mesías Jesús fue un hundirse en el
abismo de la miseria y del vacío: despojarse, humillarse, morir, ser
crucificado son casi las gradas de esta bajada de Cristo a los infiernos. Una
vez más, la salvación no pasa a través de caminos triunfales, sino por el
camino que todavía hoy en Jerusalén se llama “Vía Dolorosa”: va desde un
tribunal hasta un lugar de ejecución capital, para terminar en un sepulcro. Hoy
narrado en la hermosa narración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según
san Mateo (26-27).
Hoy se abre con estas
hermosas lecturas, el renovado anuncio del Kerigma cristiano para todos
nosotros. Jesús ha muerto por nosotros. Su muerte es un acto de servicio, de
amor, de entrega. Ha cargado con el pecado de todos. Se ha sentido solidario de
la suerte de la humanidad. Jesús es hombre con los hombres, esclavo con los
esclavos, ajusticiado con los condenados, muerto con los muertos; Hijo de Dios
entregado para revelar el amor del Padre al mundo y la promesa de vida a todos
los que éramos malditos. La muerte de Jesús nos debe abrir a la contemplación
del amor de Dios: por medio de Él ha firmado una Alianza eterna con todos.
Dejemos pues, que este
“Anuncio de Salvación”, vuelva a resonar en lo profundo del corazón, se trata
de poner todo lo mejor de nuestra parte, para que cale en verdad el amor de
Cristo, que es lo que en definitiva nos convierte. Comprendamos lo que Jesús
dijo a sus discípulos, al ir a buscar el burrito para entrar a la ciudad: “El Señor los necesita los devolverá pronto”.
Jesús se hace dueño de las cosas ajenas. Esta Semana Santa, no nos pertenece,
el Señor es su propietario. Dejemos por lo tanto, los afanes cotidianos
ordinarios, para colocarnos de manera extraordinaria al servicio y a la escucha
atenta de Jesús, que nos afirma con palabras y obras, lo mucho que le costó su
amor por nosotros. Con las palabras del Salmo 118,26, con el que se
acostumbraba dar la bienvenida a los peregrinos que venían a celebrar la
Pascua, les saludamos a todos ustedes queridos lectores, y les damos la más
cordial bienvenida a la Semana que nos hace llegar a esta Jerusalén espiritual
que sigue gritando: “Bendito el que viene en el nombre del Señor, les
bendecimos desde la casa del Señor”.
jueves, 14 de marzo de 2013
“¿No eres tú el Mesías?” (Lc 22,14-23,56 – Domingo de Ramos)
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Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“¿No eres tú el Mesías?” (Lc 22,14-23,56 – Domingo de Ramos)
Amigos y amigas, hemos
llegado al momento crucial que inicia los días sagrados de la Pasión, Muerte y
Resurrección gloriosa de nuestro Señor Jesucristo. Deseo desde ya a todos mis
queridos lectores, los mejores frutos de una Pascua florida. Hoy más que
estudiar un punto de los textos sagrados, les invito a la lectura orante sobre
la pasión narrada por el evangelista Lucas. La lectura reposada de la Pasión,
en la liturgia eucarística, es ya una verdadera meditación.
¡Cristo ha muerto por
nosotros! Su muerte es un acto de servicio, de amor, de entrega. Ha cargado con
el pecado de todos. Se ha sentido solidario de la suerte de la humanidad. Jesús
es hombre con los hombres, esclavo con los esclavos, ajusticiado con los
condenados, muerto con los muertos; Hijo de Dios entregado para revelar el amor
del Padre al mundo y la promesa de vida a todos los que éramos malditos. La
muerte de Jesús nos debe abrir a la contemplación del amor de Dios: por medio
de El ha firmado una Alianza eterna con todos.
Como bien lo señala la
antífona de entrada para la Eucaristía de este Domingo de Ramos, todo inicia:
“Seis días antes de la Solemnidad de la Pascua, cuando el Señor subía a la
ciudad de Jerusalén, los niños, con ramos de palmas, salieron a su encuentro, y
con júbilo proclamaban: ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito tu que vienes y nos
traes la misericordia de Dios!”. Existía la costumbre de dar la bienvenida con
las palabras del Salmo 118,26 a los peregrinos que venían a Jerusalén a
celebrar la Pascua. En el caso de Jesús debió de adquirir, debido a su fama,
caracteres muy acentuados. Los evangelistas vieron en ello una manifestación,
por parte de Jesús, y una aceptación, por parte del pueblo, de su condición
mesiánica. Jesús imprime, sin embargo, a su realeza un tono de humildad pacífica. Es el enfoque y
comienzo de su pasión: este Rey de los judíos tiene como única grandeza la de
servir y entregar su vida, como ya lo hemos señalado.
Es difícil en el espacio
de estas pocas líneas mostrar todos los matices de cada uno de los episodios narrados
por Lucas, en el relato de la Pasión. Por lo demás, podemos en un cierto
sentido compartir la afirmación de aquel estudioso alemán, Martín Këhler, según
el cual “los evangelios son la narración de la pasión con una larga
introducción”. Sin la muerte y la resurrección la historia de Jesús sería la de
un personaje de alto nivel moral y espiritual. La cruz proyecta su luz sobre todo
el acontecimiento evangélico, la interpreta y revela su significado último y
supremo. La narración de la pasión de Jesús, no puede ser por lo tanto, la
historia ejemplar de un héroe que se inmola por una causa y nos encontraríamos
ante una conmemoración histórica, aunque solemne. La imagen del Jesús sufriente
de estos días nos debe a todos ayudar a comprender, que esta imagen de Jesús,
es el camino estrecho que al final tiene la puerta abierta del Reino, es la
fidelidad cotidiana en la justicia y en la pobreza que nos introduce al alba
del nuevo día. En la muerte en cruz de Jesús, sin malos entendidos, se revela
en plenitud su verdadera identidad. Él no era un Mesías político triunfador
sino que es el Hijo de Dios, que entregándose salva. Así que podemos
responderle al mal ladrón, que sí en verdad, Jesús, es el Mesías esperado. Y a
esta profesión de fe nos conduce hoy la liturgia a través de la proclamación de
la pasión según Lucas.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Domingo de Ramos: Mc 14 y 15
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Hemos llegada al inicio de la Semana
Santa, que se abre con este bello y folklore acontecimiento de la entrada de
Jesús a su ciudad: Jerusalén. Escenario de su última semana de vida y del
inicio de su vida glorificada. Pues bien, este domingo está dominado por la
solemne lectura de la Pasión, este año según san Marcos (cc. 14-15). Marcos no
se detiene mucho en una presentación del dolor físico que sufrió Jesús, más sí
de su dolor interior que de deja entrever en los insultos y blasfemias que le
decían al pender de la cruz. En su estilo esencial, muy atento a los
acontecimientos trágicos y gloriosos de aquellas horas, a la fuerza misteriosa
insertada en ellos, Marcos nos presenta una secuencia narrativa de 15 escenas
que se desenvuelven sin interrupción sobre el hilo de la historia y de la fe.
Un resumen de estas escenas nos
permite comprender mejor la intención del autor al narrar la pasión de Jesús
para sus lectores del siglo I. Todo se inicia en la conjuración de los
adversarios de Jesús dos días antes de la pascua; se pasa a la unción, que
simbólicamente anticipa la sepultura de Cristo, en Betania en casa de Simón el
leproso; Judas ofrece a los sumos sacerdotes entregarles a Jesús en cambio de
dinero; “el primer día de los Ázimos” Jesús da órdenes para los preparativos de
la cena pascual. Por la noche, en la mesa, la crisis se apodera de los
discípulos debido al anuncio de la traición. Jesús celebra la cena pascual y
eucaristía, inauguración de la alianza con Dios en su sangre; pero en sus
palabras se perfila la dispersión y la traición de los discípulos y también la
futura reunión después de la resurrección en Galilea. Nos encontramos ya en
Getsemaní: es de noche, Jesús ora con el alma “triste hasta la muerte”, los
discípulos comienzan la traición con su sueño pesado e indiferente. Dolorosa
escena que pone a un Jesús necesitado de la compañía de los amigos en esas
horas de peligro para su vida. Judas, sí que está despierto esa noche y entra
en escena con una pequeña multitud entregando a Jesús a los sumos sacerdotes.
El Sanedrín (compuesto por 71 miembros) en una sesión extraordinaria y poco
usual condena a muerte a Jesús por blasfemia, al haberse declarado “Hijo de
Dios”. Luego seguimos a Pedro que esperando resultados de liberación para
Jesús, lo niega descaradamente. Jesús es llevado ante Pilato para que ratifique
la sentencia capital por parte de las fuerzas de ocupación romanas, después del
vano intento de sustitución de Jesús con Barrabás, un rebelde antirromano
acusado de homicidio, Jesús es condenado a la crucifixión. Antes de la
ejecución Jesús fue torturado por la corte romana que organiza una burla sobre
la realeza de Jesús. Pasando por la ciudad, Jesús es conducido a la colina
llamada “El Cráneo” (en arameo Gólgota, en latín Calvario) fuera de los muros
de Jerusalén: allí es crucificado y escarnecido, allí se consuma su muerte después
de un “fuerte grito”. Luego viene entregado su cuerpo y sepultado en un huerto
de familia: algunas mujeres quisieron ungir el cuerpo de Cristo con aceite
aromático, pero su era ya el día de descanso.
Así Marcos desarrolla la pasión de
Jesús, casi con la intención de que la misma comunidad con la conmemoración
anual de aquellos acontecimientos, pueda ocupar su papel ante Jesús, que sigue
el camino del Calvario, en cada tiempo de la historia. También, esa invitación
de Marcos, llega hasta nosotros, para que en estos agitados tiempos que nos
tocan vivir, podamos encontrar a Jesús y asumir con Él y desde Él, un proyecto
de salvación para todos aquellos por quiénes Él dio su vida en la Cruz.
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