Mensaje P. Tony Salinas

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domingo, 14 de enero de 2018



La Palabra de Dios de este domingo está enfocada en el paso de Jesús llamando a los que Él quiso, revelando así que la llamada es siempre una iniciativa de Dios. Es interesante notar en el relato la referencia al juego de los ojos, particularmente importante en el evangelio de Juan: El Bautista “fija la mirada sobre Jesús”, Jesús “se vuelve y ve” a los dos que le siguen y los invita a “venir y ver”; ellos “ven dónde vive Jesús” y por último Jesús “fija la mirada” sobre Pedro llamándolo para un nuevo destino. No se trata sólo de ver, para Juan es una intuición interior que ya antes de decir algo, la mirada, el “ver” es ya un definición de un trasfondo interior, de un diálogo divino por parte del que ha bajado del cielo.
El relato nos va llevando a la lógica de todo proceso vocacional, porque al final del mismo aparece el “descubrimiento definitivo”. El “buscar” tiene un “encontrar” (“¿A quien buscas?…¡Hemos encontrado al Mesías!”). Luego el “seguir” tiene un permanecer” (“…se detuvieron”), un término querido a Juan que lo usa para indicar una comunión viva e intensa con Cristo. De simple rabí, título hebreo honorable para los maestros  (literalmente “mi grande”, por tanto “mi Señor”), Jesús se convierte para esos hombres en el “Mesías-Cristo”. Toda vocación, todo llamado se inicia con un encuentro y progresivamente se va caminando hasta el deseo de querer permanecer allí. Gracias a la ayuda de un padre (en el caso de Elí y Samuel) de un hermano (Andrés y Pedro), los pasos por el camino de la vocación se vuelven más seguros y con un discernimiento más acelerado para evitar futuros equívocos, de quién es el que llama y para qué llama. El llamado no queda nunca abandonado en el desierto de la vida sino que sobre su cabeza se extiende siempre la sombra de una rama verde y florecida, signo de una primavera perenne, la de Dios. 



lunes, 25 de mayo de 2015
Al Encuentro de la Palabra…
“En el nombre…” (Mt 28,16-20 – Solemnidad de la Santísima Trinidad)

La Trinidad forma parte del gran mensaje de Nuevo Testamento, pero no lo es como si fuese casi un tema sobre el cual se puede tejer sofisticados teoremas teológicos. Más bien lo trata como la auténtica imagen de Dios en su manifestación, es la definición de su presencia en el interior del creyente y de la Iglesia.    Razón por la cual tenemos este día especialmente dedicado a conocer, valorar y celebrar a la Santísima Trinidad. La Revelación del Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo, está destinada a que nosotros, sus hijos  nos enteremos de lo que tenemos que hacer para traer el Reino a nuestra vida y la eternidad al más allá. Con el evangelio de hoy, vemos como los Once vieron a Jesús; los Once dudaron de él; los Once lo adoraron. Proceso desconcertante, pero, justo por eso, proceso auténtico de la experiencia pascual vivida por los Once, el creer que los lleva a adorar y por otro lado al de dudar. Partieron del ver, un ver inesperado, para nada previsto por ellos; pasaron por la indecisión de la duda, será él?, no será él?; terminaron en la certeza de la fe, adorando a Jesucristo.
lunes, 9 de febrero de 2015


Al Encuentro de la Palabra…


“En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso…” (Mc 1,40-45-VI Domingo del Tiempo Ordinario)

Hoy acompañando a Jesús en su itinerario presentado por el evangelio de Marcos, nos detenemos para ver su acción ante un leproso. La práctica señalada por la ley y hoy presentada a través del libro del Levítico, que es la primera lectura, dejaba claro dicha práxis: “El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba rapada y gritando:”¡Impuro, impuro!” (13,44).
lunes, 12 de enero de 2015
Al Encuentro de la Palabra…
“Vieron dónde vivía…” (Jn 1,35-42 – Segundo Domingo del Tiempo Ordinario)

            Después del bautismo de Jesús y de dar testimonio sobre él, Juan el Bautista le transfiere dos de sus discípulos que, a su vez llevan ante el Señor a Simón Pedro. Todo inicia con la escucha de la voz de Dios que les invita a seguir a Jesús, primero en la boca de Juan, y luego del mismo Señor en la intimidad de su compañía. La escucha se convierte en el primer paso del descubrimiento del Mesías. Escuchar es una manera de ver, desde los ojos del corazón, desde donde se dan razones para creer y dar la vida en el seguimiento.
            La llamada de los primeros discípulos ha estado preparada por un escenario bien concreto, el testimonio y la predicación de Juan Bautista. De hecho, será su profesión de fe sobre Jesús: “He aquí el Cordero de Dios” la que lleve a algunos de sus seguidores hacía él: “Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús”. Pero hay que señalar, que esta es una nueva manera de llegar a ser discípulo. En este siglo primero, los Rabbí judíos esperaban ser escogidos por parte de los eventuales seguidores, con Jesús se marca una nueva característica: la iniciativa parte de Él. Los dos nuevos discípulos conocen, entonces, el hábitat propio del Maestro que los llama: “Vengan y lo verán”. Fueron, pues, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día”.
            La llamada de Dios para cada uno de nosotros, como lo fue para los primeros discípulos, se basa en un proceso pedagógico por parte de Jesús. Se trata de un buscar la verdad, la verdad existencial de la propia vida, que en el relato se presenta a través de las preguntas: dice el Maestro: ¿Qué buscan? Ellos responden: ¿Dónde vives? Se trata de un descubrimiento progresivo, de una búsqueda interior, de algo profundo. A este proceso hoy le llamamos: “Vocación”. La vocación es el escuchar la voz interior de Jesús que nos pregunta ¿qué buscas?, ¿hacia dónde vas? ¿qué quieres hacer de tu vida? El don de ser discípulos de Jesús, no es algo mecánico ni puramente profesional. Todo lo contrario es algo que compromete la vida, le exige un acto de verdad que lleva a la entrega total y plena de la propia voluntad para aceptar la de Jesús.
            Los relatos de vocación son temas constantes en el Antiguo Testamento, hoy en este domingo hemos leído el magnífico relato de la llamada del joven Samuel, modelo profético de los discípulos cristianos, que a través de un trisagio de llamadas: “¡Samuel, Samuel!” (1Sm 3,10), camina hacia el descubrimiento de ese Dios que lo ha llamado para una misión en medio de su pueblo Israel.

            Después de estas breves consideraciones, descubrimos que el principio bíblico sobre la vocación, está en que Dios es la raíz de toda llamada, es Él quien siempre toma la iniciativa y como en el caso de Samuel, cada persona puede responder con generosidad: “Habla, Yahvé, que tu siervo escucha” (1Sm 3,11-14) o simplemente negarse a aceptar la llamada. El Señor llama, a quien quiere, como quiere y cuando quiere, así pasó en la llamada de esos primeros discípulos de Jesús, que en un día particular tuvieron la fortuna de encontrarlo y quedarse con él para siempre. La vocación en la Biblia es una manifestación de la profunda y misteriosa voluntad divina, que interpela y llama al ser humano, tocándolo en su más radical intimidad. 
lunes, 10 de noviembre de 2014
Al Encuentro de la Palabra… “Dar culto verdadero…” (Jn 4,19-24 – Dedicación de la Iglesia de san Juan de Letrán)

Hoy toda la Iglesia universal hace memoria de la dedicación en la fecha del evento;toda catedral, como sede del obispo, tiene su fecha de consagración conmemorativa; toda la Iglesia universal recuerda hoy la dedicación de la iglesia del obispo de Roma y pastor de toda la comunidad de Cristo, es decir, la Basílica de San Juan de Letrán. Las lecturas de este  día,  tienen  sustancialmente  la  finalidad  de  recordarnos  que  no  es  el  templo arquitectónico, en su grandeza artística como es el caso de san Juan de Letrán o en su pobreza material como es el caso de muchos edificios sagrados dispersos por el mundo, es sobre todo un SIGNO.Todo  templo  acoge  la  presencia  del  Señor.  Dios  podemos  decir  “se  adapta”  al templo, pues como sabemos Él es infinito, inabarcable, y lo hace para encontrar al pueblo que lo invoca.  Él  como nos señalan las lecturas de  hoy,  hace habitar en el  templo “su Nombre”,  es  decir  su  presencia  eficaz  para  poder  “escuchar,  perdonar  y  atender  las necesidades de su pueblo”. De allí que todo templo es sagrado en la medida en que Dios y los hombres se encuentran allí. El templo como “signo” y no como fin es proclamado con fuerza por Jesús en el diálogo  con  la  samaritana:  “Ni  en  este  monte,  ni  en  Jerusalén  adorarán  al  Padre”.  El Garizim, era la sede del culto de los samaritanos, mientras que el monte Sión, era la sede del culto hebreo. Jesús afirma que ninguno de los dos puede contener y absorber la plena presencia del Dios vivo y la perfecta forma para adorarle, ya que “Dios es Espíritu y los que lo adoran deben adorarlo en Espíritu y en verdad”. El Espíritu es principio de un nuevo nacimiento y la verdad es la revelación que Cristo mismo nos ha traído. Ya san Juan en su prólogo nos había dicho: “El Verbo se hizo carne y puso su tienda en medio de nosotros”(1,14), con evidente alusión al templo de Jerusalén. El auténtico Templo es el propio y mismo Hijo de Dios. Así lo entendió Jesús mismo cuando con ocasión de la expulsión delos mercaderes del Templo dijo: “Destruyan este templo y en tres días lo reedificaré…Él hablaba del templo de su cuerpo” (Jn 2,19.21). Todos, pues, deseamos entrar al templo para encontrar la presencia divina del Señor que sana, perdona y atiende nuestras súplicas. Pero la invitación de hoy, siguiendo el texto de la samaritana, es entrar para “adorar” a Dios en su santuario. Diez veces resuena el verbo griego  proskunein “adorar”. Dos sentidos tiene su uso hoy. El primero que se refiere a nuestro culto ritual preocupado por la rubricas y los detalles, que tiene su valor sin lugar a duda y el de “adorar en Espíritu y Verdad”, es decir, ese culto que implica profundamente la adhesión de la fe, un dejarnos invadir por ese Espíritu que viene en “ayuda de nuestra debilidad”  (Rm 8,26).  Sólo  si  existe  esta  liturgia  personal  y  espiritual,  tiene sentido  la primera señalada anteriormente. Los verdaderos adoradores, en el lenguaje de san Juan,adoran en Espíritu y en Verdad. La verdad es el Evangelio, es Cristo mismo,  el Espíritu es el alma de la Iglesia y de sus sacramentos de salvación. Entrando con Cristo y con su Palabra, nosotros nos acercamos al infinito y al eterno, comenzando ya ahora y aquí la gran liturgia celestial. Sin esta experiencia en “Espíritu y Verdad” nuestras celebraciones rituales dentro de los templos los desacralizan y los convierten en puros lugares de reunión.
martes, 21 de octubre de 2014
Al Encuentro de la Palabra…
“Estos dos mandamientos…” (Mt 22,34-40 – XXX Domingo del Tiempo Ordinario).

            Hoy salimos al encuentro de una Palabra de Señor, que según san Mateo evalúa la realidad más íntima y externa del pueblo de Israel y de cada persona en singular. El evangelio asegura que no podemos refugiarnos en el amor de Dios en exclusiva. Este amor tiene otra cara: el prójimo. A Dios, a veces, no cuesta amar: no se le ve. Pero al prójimo sí es difícil amarlo; el prójimo nos necesita, nos molesta, nos inquieta; hasta podemos tener motivos razonables para no amarlo, porque es enemigo.
            En tiempos de Jesús no faltaban voces que reclamaban en primer lugar para el amor a Dios y al prójimo, sin embargo, dominaba la opinión de que el mandamiento más importante, que resumía la entera Ley, era la observancia del sábado. La determinación de mandamientos grandes y pequeños no significaba, sin embargo, que unos fueran menos obligatorios que otros: todos tenían la misma importancia. Se contaban en la Ley 613 mandamientos; de ellos, 365 negativos y 248 positivos.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Al Encuentro de la Palabra…
“La boda está preparada…” (Mt 22,1-14 – XXVIII del Tiempo Ordinario)

            Dios se revela des-velando, arrancando el velo que cubre a los hombres y les impide la visión y aceptación de Él. Así nos lo anuncia Isaías hoy en la primera lectura 25,6-10, que corre el telón para que entremos a la escena de su misterio. Escuchar la parábola de este domingo, nos sitúa dentro del mensaje de Jesús en continuidad con las dos primeras parábolas, llamando la atención sobre la actitud de los sumos sacerdotes y fariseos ante su mensaje. Dios como rey aparecido ya en 6,10; 18,23; la figura del hijo del rey se asocia inmediatamente a Jesús. El reinado de Dios se presenta, por tanto, bajo la figura de un banquete de bodas, Jesús mismo se ha presentado como “el Esposo” y “el hijo” tal como ha aparecido en las parábolas de los domingos anteriores.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Al Encuentro de la Palabra…
“La arrendó a unos labradores…” (Mt 21,33-43 – XXVII Domingo del Tiempo Ordinario)

            Queridos lectores, seguimos hoy las hermosas parábolas sobre la “viña”, tema que parece gustó mucho al Señor Jesús, para dar un mensaje de pleno cumplimiento de su misión entre nosotros. Como lo señalamos en artículos anteriores, la viña era símbolo del pueblo de Dios, antes Israel, ahora lo es del nuevo pueblo de Dios, la humanidad entera. Jesús hoy reclama la atención al decir “escuchen”. La imagen de la viña está tomada de Is 5,1s., que hoy nos es la primera lectura. “La torre del guarda”, literalmente “una torre”, se refiere a una torre pequeña o atalaya para vigilar la viña, sobre todo en la época de la cosecha. Con la especificación “del guarda” se indica la finalidad para la que se construye. Creo que sirve para todos, desgranar el significado completo de todos los elementos. ¡Veámos! El propietario de la viña representa a Dios; la viña, como se ha dicho, a Israel; la plantación y trabajos del dueño a favor de ella muestran la solicitud y el amor de Dios por el pueblo elegido; los labradores encargados de que la viña produzca, son figura de los dirigentes; el fruto, como lo indica el paralelo de Is 5,7, es el amor al prójimo, es decir, el derecho y la justicia; los criados enviados por Dios representan a los profetas; su repetido envío señala la constante llamada de Dios a la conversión; el Hijo y heredero es Jesús el Mesías.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Jesús, a quien acusaban de “comer con pecadores y publicanos” –es decir, de comportamientos inadecuados para una persona religiosa-, pasa de la provocación a la denuncia de la religiosidad de sus acusadores.
El texto indica que sus interlocutores son “los sumos sacerdotes y los ancianos (o senadores)”, la elite religiosa y máxima autoridad del judaísmo. Presumen de ser “justos” y se reconocen como jueces de la ortodoxia, aprobando o condenando los comportamientos de la gente. Asumiendo una función de “intermediarios” de Dios, han terminado absolutizándola hasta convertirla en la instancia más poderosa de aquella sociedad.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Al encuentro de la Palabra
“Señor socórreme” (Mt 15,21-28 - XX Domingo del Tiempo Ordinario)

            Si el domingo pasado es Pedro, judío y jefe de la primitiva iglesia cristiana, que grita “Señor sálvanos”, en este domingo es la mujer cananea, que refleja las dos condiciones de total fragilidad (el ser mujer y extranjera), quien le pide “socórreme”. Considerando la fresca redacción que le da Mateo, ya podemos suponer que el relato, señala como en la Iglesia de los orígenes se vivió con fuertes tensiones el problema de la admisión de los paganos a las mesa espiritual del único pueblo de Dios, como quedó confirmado por el debate en el Concilio de Jerusalén (Hch 15) y por la polémica de Pablo y contra Pablo precisamente sobre este argumento. “Cananea”: se llamaban cananeos a los fenicios que vivían en el territorio ocupado después por los hebreos. Esta designación arcaica indica que la mujer, aunque pagana, vive entre las israelitas.
lunes, 28 de julio de 2014
Al encuentro de la Palabra
“…Vio Jesús el gentío…” (Mt 14,13-21 – XVIII Domingo Tiempo Ordinario)

            Dejado el capítulo 13 de las parábolas sobre el Reino de Dios, nos abrimos campo en este nuevo capítulo de Mateo, con el relato de la Multiplicación de los panes, para la muchedumbre que seguía a Jesús y de la cual Él sintió lástima. Todos los evangelistas describen la multiplicación de los panes en estrecha conexión con dos elementos constitutivos de nuestra fe cristiana. El primero es la directa relación con la institución de la Eucaristía (“tomó el pan, elevó los ojos al cielo, pronunció la bendición y lo repartió), referencia directa al relato de la institución por parte del mismo Jesús. En segundo lugar, su relación al sacramento eucarístico sacramental, que se completa con el servicio de la caridad. No se puede partir el pan en la Eucaristía si no estamos dispuestos a repartirlo fuera de ella. Con el evangelio de Dios se afirma pues, que el pan de la vida está en Cristo; es Él mismo. Hay un proyecto de Dios que, si lo aceptamos, convertiría al mundo en una mesa llena de pan para todos. Sólo el amor fraternal puede  hacer de este mundo injusto una nueva creación en la abundancia.
viernes, 4 de julio de 2014
Al Encuentro de la Palabra…
Sí Padre…” (Mt 11,25-30 – XIV Domingo del Tiempo Ordinario)
                
El evangelio de este domingo es uno de los textos más bellos del Nuevo Testamento. Jesús se dirige a Dios familiarmente como Abba-Padre: cinco veces aparece esta expresión en sólo tres versículos. La relación entre Jesús y Dios-Padre es intensa, estrecha, íntima, familiar. A una relación similar con Dios es invitada la comunidad creyente. Jesús entona un cántico de alabanza a Dios-Padre porque se ha revelado; el mismo Hijo se une a esta revelación divina: Él es la revelación del Padre. Pero no todos son receptores de esta revelación, sólo los sencillos, los pequeños, los simples. Los «sabios y entendidos» están demasiado absortos en su prepotencia para percibir esta revelación, a ellos les ha sido escondida.
miércoles, 29 de enero de 2014
Al Encuentro de la Palabra… según san Mateo – Para la Lectio Divina
“Y Él se puso hablar enseñándoles(Mt 5,1-12 – IV del Tiempo Ordinario)

            En el evangelio de este domingo, se inicia lo que ya se había indicado en el domingo pasado, Jesús inicia su predicación, la escena está llena de ricos detalles: “Al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles”. Cada paso dado por Jesús revela su categoría de maestro y la autoridad que posee para enseñar. El relato nos hace advertir que todos estaban urgidos en escucharle. Estamos en el primer discurso narrado por Mateo de los cinco que presenta. Jesús subiendo a la montaña aparece como en nuevo Moisés que, sentado en el nuevo Sinaí, nos ofrece la Palabra última y definitiva de Dios. No se trataría pues de una anotación geográfica sino más bien de indicación teológica.
            Y la puerta a este mensaje espiritual, lo ofrece el anuncio dado a los “pobres de espíritu”, expresión bíblica para indicar a quien tiene el corazón, la conciencia y su interior más profundo “pobre”. Pero por pobres se debe entender a los muchos más que la sola palabra indica. En la Biblia el término original hebreo es “anawin” que señala a los encorvados, es decir, a los oprimidos por los poderosos, las víctimas indefensas, una muchedumbre inmensa distribuida en todos los tiempos y lugares. Pero se refiere también a los justos, los mansos, los humildes, los que confían siempre y sólo en Dios. Para Mateo éstos son los destinatarios del mensaje de Jesús, a quien llama “Bienaventurados”. El verbo que le acompaña está también en presente: “es”. Por lo que la dicha que Él promete está no sólo para la otra vida, sino también para esta vida terrenal.
            La manera de hablar, llamando a los pobres “bienaventurados”, fue una forma literaria usada por el Antiguo Testamento para celebrar la felicidad del justo que confía su vida al camino indicado por Dios y no se deja seducir por el encanto perverso del mal. Aparece 26 veces en los Salmos y 31 veces en el resto de todo el Antiguo Testamento. En Jesús son una propuesta maravillosa a darle un vuelvo a las propuestas humanas de riqueza, dominio, egoísmo, satisfacción y gozo inmediato, dándole escandalosamente Él una inversión a la escala de los valores para quien le quiera seguir. Plantea así con su vida a la sociedad la interrogación profunda sobre las metas de la existencia.
            Pero hay que dejar claro una cosa. En el antiguo Israel la bienaventuranza se manifestaba sobretodo en el bienestar, en el éxito, en la prosperidad: eran signos de la justicia del hombre recompensada por la bendición divina. Realidad que no ha cambiado mucho en nuestra realidad, ya que muchos lo piensan y lo predican así. Jesús por el contrario llama bienaventuranza al infortunio y a los que son considerados desventurados  a los ojos de los hombres. Se trata de una forma de ver la dicha desde los ojos de Dios y no desde los ojos humanos. Por eso que las así llamadas “Bienaventuranzas” son un desconcertante programa de vida cristiana.
            Ahora bien, ¿Quiénes son los que nacen a este nuevo estilo de vida y a causa de qué? Jesús habla para quienes se han dejado engendrar por la escucha de la Palabra. Es con la actitud de discípulos que podemos todos ser engendrados en esta nueva visión de la vida. Sus verdaderos discípulos que siguen su Palabra, en las dificultades no se afligen, sino que se sienten identificados con su Señor: con alegría se sienten dichosos de estar con Él y ser como Él. En definitiva la dicha sólo nace cuando se lee la propia vida en categoría de identificación con Él y es la cruz la que los asemeja con Él.



martes, 17 de septiembre de 2013
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“Se murió el rico y lo enterraron…” (Lc 16,19-131 – XXVI Domingo del Tiempo Ordinario)

            Amigos y amigas, es duro el Evangelio cuando habla de la suerte del rico y del pobre. Éste deja claramente advertido, que el rico para escapar del camino que le lleva a la perdición, tiene que creer y convertirse ante la Palabra de Dios. A veces, la mesa llena, el vestido de púrpura y los muchos dividendos impiden la conversión. La riqueza puede hacerles pensar en que son los demasiado fuertes para confiar en el Otro, es decir, en Dios y quedar cegados ante la evidente situación que viven los pobres. Imaginémonos en el hombre rico de la parábola de hoy, lleno de ínfulas y poder, que se encuentra ante el drama de su muerte, allí cuando todo se desvanece. Y al miserable Lázaro, el único personaje de las parábolas de Jesús que lleva un nombre, el significado de este nombre en hebreo es emblemático: “Dios ayuda”. Pues bien, entre estos dos personajes de la parábola, Lucas nos invita, común de su estilo, a buscar los extremos de la extravagancia de los detalles, vemos, en el rico que “vestía de púrpura y de lino” y Lázaro “echado en su portal, cubierto de llagas”; el rico, “banqueteaba espléndidamente cada día” y al méndigo, “con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba”. La escandalosa situación de desigualdad no puede ser querida por Dios. De allí que Jesús mismo, nos introduzca al otro tema, la retribución final para todos. El v.25 lo asegura así: “Recuerda hijo, que tú recibiste tus bienes durante la vida y Lázaro, por el contrario, males; ahora él encuentra aquí consuelo, y tú en cambio tormentos”. La parábola se transforma, pues, en un llamado de esperanza para los pobres de la tierra, de quienes Dios mismo en persona se  hará, su recompensa y consuelo.
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“El dinero injusto…” (Lc 16,1-13 – XXV Domingo del Tiempo Ordinario)

            Seguimos escuchando con atención de discípulos, la Palabra de Dios, que en este domingo, hace una fuerte llamada a la justicia humana, ya que el dinero injusto crea una dinámica que lleva a los que le sirven al egoísmo por encima de toda justicia y fidelidad a Dios y al prójimo. Por eso que Jesús afirme, que no se puede servir a Dios y al dinero. Cristo pide a sus discípulos una coherencia en el servicio de Dios tan consecuente como la del administrador en su vida de servicio al dinero. Al egoísmo e injusticia, consecuencia lógica del dinero injusto, debe corresponder el servicio desinteresado y honrado del que sirve solo a Dios. La parábola de hoy, igual que las anteriores, está llena de ricos detalles y realmente viva y original, típico del estilo de Lucas, que con ese uso rico de detalles nos las hace comprender rápidamente. La de hoy, es la historia de un administrador que tiene ya una vida llena de corrupción y mentiras. Si la traducimos con lenguaje de hoy, veremos que se trata, de un momento crucial, ya que reunido el consejo de administración de la empresa en la que trabaja, él no duda en falsificar los balances, con la complicidad de los deudores, para así poder mantener su puesto. Su actitud y desempeño, corresponde a las acciones de los “hijos de este mundo” que, llegados a un punto dramático de su vida, saben captar con extrema rapidez, energía y decisión la única vía de salvación, la tabla que puede salvarle del naufragio. Lo que realmente Jesús quiere hacer sobresalir es la actitud con que actúa, llena de una inteligencia perspicaz y veloz. Entonces, ¿qué nos quiere decir Jesús con esta parábola? El mensaje parece destacar la actitud de la gente, preocupada en los afanes de la vida ordinaria, cargada ya en su época de estar buscando sobre todo una vida de bienestar y riqueza.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“Alegría en el cielo” (Lc 15,1-32 – XXIV Domingo del Tiempo Ordinario)

            En el texto que estamos escuchando este domingo, hay que ubicarlo en toda la obra de Lucas, que trata de hacernos entrar en la gran misericordia del Padre de Jesús, a quién Él mismo nos llama a acoger con infinita confianza. Este relato del capítulo 15, bien se le puede llamar el “evangelio de la misericordia y de la alegría del perdón”. En este relato, no hay tanto que ver la crisis por la partida del hijo, en esta parábola llamada comúnmente el “Hijo pródigo”, sino la alegría del regreso, de aquí que se pueda llamar: “el regreso del hijo prodigo”. En efecto, la llamada de los relatos de hoy, es al “retorno”, que en griego es el verbo “metanoia”, que traduce a su vez, el verbo hebreo “shub”, que literalmente es “retornar”. Indica un cambio de ruta después de un error de camino emprendido. Regresar es volver al hogar después de haberlo abandonado, un volver después de haberse ido. El momento crucial o centro del relato es la decisión inteligente de éste hijo que se había ido: “Me levantaré e iré a mi padre”. Esta decisión se materializa en el mismo momento que él llega a los brazos de su padre. El padre que da la bienvenida al hijo está muy contento porque éste, “estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (15,32). La inmensa alegría al volver el hijo perdido esconde la inmensa tristeza de su partida. El encuentro deja detrás la separación; la vuelta a casa esconde bajo su manto el momento de la partida. Este énfasis en el regreso, esta puesto, para entender que solo cuando se tiene el coraje de profundizar en lo que significa dejar el hogar, se podrá entender de verdad lo que es volver a él. Lucas, nos hace comprender de manera escueta que, el hijo que pidió la herencia para marcharse, revela un hecho inaudito: hiriente, ofensivo, y en total contradicción con la venerable tradición de la época. A la larga la petición del hijo, era ya desear la muerte del padre y vivir con esa realidad.
martes, 3 de septiembre de 2013
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“Él se volvió y les dijo…” (Lc 14,25-33 – XXIII Domingo del Tiempo Ordinario)

            Celebrando el mes de la Biblia, estamos hoy invitados a tener una nueva actitud ante ella, es decir, el poder ser mejores oyentes de su contenido. Debemos recordar que la Biblia como libro de fe, nos debe interpelar y comprometer en la construcción de una Honduras mejor. Quien tiene la Biblia y la tiene con fe, comprende entonces lo que Su Santidad, el Papa Francisco nos ha dicho en su Encíclica Lumen Fidei: “La fe está vinculada a la escucha” (no.8). No se trata de tener la Biblia por tenerla, debemos, leerla, es decir, escuchar su mensaje. Y el mejor momento para esa escucha, es en comunidad eclesial, sobre todo en el Domingo, en la celebración centro de nuestra vida cristiana: la Eucaristía.
            Pues bien, si escuchamos con atención las palabras de Jesús pronunciada en el Evangelio de hoy, se revelan enmarcadas por un estribillo, una especie de retornelo espiritual que resuena tres veces: “No puede ser mi discípulo”. Es claro, pues, que es este el tema que Jesús mismo está presentando a la gente que le acompaña en su camino hacia Jerusalén. De manera negativa presenta el verdadero rostro de su discípulo, del cristiano perfecto.
viernes, 23 de agosto de 2013
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“Cédele el puesto a éste” (Lc 14,1.7-14 - XXII Domingo del Tiempo Ordinario)

            Hoy seguimos escuchando textos de profundo contenido espiritual para el crecimiento de los fieles, es decir, de cada uno de nosotros, delante de Dios. Ni la parábola del Evangelio ni el texto del Eclesiástico (3,19-21.30-31), pretenden darnos una lección. En ambos textos, la analogía con el comportamiento de los hombres sirve para apuntar a lo que deberá ser la actitud con Dios. El hombre sólo es capaz de abrirse a la revelación de Dios cuando se apea de sus grandezas y reconoce su limitación dirá el Eclesiástico. Por su parte la parábola de este domingo, nos hace pensar cómo Jesús observa con un poco de ironía a los invitados a un banquete de bodas en su tierra, donde los invitados buscaban ocupar los primeros puestos. Y como siempre, Él se sirve de las pequeñas recurrencias de la vida doméstica para sacar de allí una profunda enseñanza. El centro del mensaje se sitúa en lo que señala ya el libro de los Proverbios: “No te pongas en el puesto de los grandes; porque más vale que se te diga: sube acá, que ser humillado en presencia del príncipe” (25,6-7). Jesús recordándolo, suscita una llamada de atención, que partiendo de una actitud sensata de urbanidad, invita a una actitud de sentido espiritual.
lunes, 19 de agosto de 2013
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“Se sentarán a la mesa…” ( Lc 13,22-30 - XXI Domingo del Tiempo Ordinario)

            Leyendo el Evangelio de Lucas durante todos estos domingos, hemos podido ya comprender como éste es el evangelista del universalismo cristiano, abierto al mundo pagano: “Vendrán de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán en la mesa en el Reino de Dios”. Esto indica abiertamente que ningún pueblo de la tierra debe sentirse excluido o extraño en la realidad última que Dios ha preparado en Cristo a todos los que crean en Él, donde hay un sitio para todos.
            Para entender este Evangelio, hay que escuchar y meditar bien la primera lectura (Is 66,18-21), se trata de una página de un autor anónimo célebre que vivió en el s.VI a.C., al final del destierro  de Babilonia, conocido como el tercer Isaías. A Israel, de regreso a la tierra de los padres y bajo la tentación de encerrarse en sí mismo, el profeta presenta la visión de una invasión de pueblos de miles de lenguas, conquistadas por la Palabra de Dios. El Jesús de Lucas, para quien ya un extranjero como el samaritano se había convertido en el emblema del perfecto creyente, invita hoy a que todos participen en la mesa de su reino. Ya o será importante el cumplimiento rígido de las normas de pureza racial, tribal, familiar y ritual, para formar parte del pueblo de los elegidos, que para el pueblo de Israel está basado en los descendientes de las doce tribus y sobre todo la levítica. Todo con Jesús parece caer y se abre un nuevo horizonte. Ya no es necesario estar inscritos en una comunidad de salvados, porque practican y cumplen los preceptos de su propia manera de leer su fe. Lo importante en cambio es, en cambio, haber atravesado la “puerta estrecha”, es decir, el empeño serio y personal por la búsqueda del Reino de Dios. Ésta es la única garantía de estar por el camino que lleva a la luz de la salvación, que Jesús anuncia.

lunes, 12 de agosto de 2013
Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
A prender fuego…”  (Lc 12,49-57 – XX Domingo del Tiempo Ordinario)

            Nos sigue cautivando queridos amigos y amigas, el evangelio de Lucas, que desde hace varios domingos, nos viene invitando a una adhesión más radical y real a la persona de Jesús y a su Reino. En este domingo, a través de la primera lectura, que aparece como una gran monición al texto evangélico, tomada de Jeremías (38,4.6.8-10), el profeta anuncia con sus palabras a Cristo. Su vida toda es una profecía, una encarnación progresiva de esta Palabra de Dios que se encarnará plenamente en Cristo. El anuncio valiente de lo que Jeremías veía como voluntad de Dios crea división entre los que le escuchan y le lleva a pasar en la cárcel dos tercios de su vida. Y es que Cristo con su palabra, ha venido “a prender fuego en el mundo”. E inmediatamente agrega: “¡Tengo que pasar por un bautismo!” Hay pues, en este texto un atrevido contrapunto, por parte de Jesús, al oponer a las llamas devoradoras la imagen del agua que tiene que ver con el tema del bautismo. Como el fuego, el agua también arrastra, purifica, fecunda. Sólo que la “inmersión” (es el sentido original de la palabra griega “bautismo”), para Cristo y sus discípulos, no se hace dentro de las “claras, frescas y dulces aguas”, como se hacía de manera romántica en el ritual de fecundidad del culto grecorromano del dios Pan. La inmersión que ahora Jesús propone es en la sangre de su pasión. De aquí, llamo a proponer que nuestro bautismo más que ser un hecho que se anota en nuestros archivos parroquiales, debe grabarse en nuestra carne, escrito, por qué no, con la sangre de nuestra propia vida.  San Pablo, a propósito de esta idea, señala que debemos ser: “una carta de Cristo escrita no con tanta tinta sino con el Espíritu Santo de Dios vivo, no sobre tablas de piedra sino sobre tablas de carne, de nuestro corazones” (2Co 3,3). Ser fiel en vivir y anunciar la verdad de Cristo equivaldrá, para todos los bautizados, un despertar tremendas oposiciones, a “renunciar al gozo inmediato, como Cristo, y soportar la cruz sin miedo a la ignominia”.

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