Mensaje P. Tony Salinas
lunes, 25 de febrero de 2013
“Una higuera plantada en su viña…” (Lc 13,1-9; 3º Domingo de Cuaresma)
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Al Encuentro de la Palabra…en el Año de la Fe
“Una higuera plantada en su viña…” (Lc 13,1-9; 3º Domingo de Cuaresma)
El santo Evangelio de este
domingo, nos invita a un estudio profundo, por un lado de los acontecimientos
citados por Jesús y sobre la parábola de la higuera estéril. Bien, el asesinato
de los galileos, la muerte accidental de dieciocho personas aplastadas por la
torre de Siloé y la parábola de la higuera estéril son exclusivas del Evangelio
según Lucas. Jesús, al enterarse de que Pilato ha asesinado a unos galileos en
el santuario, saca de ese acontecimiento una moraleja práctica. A pesar de su
propio origen galileo, Jesús no apela a sus sentimientos patrióticos,
lanzándose a una crítica despiadada del desaprensivo gobernador romano; en vez
de eso, aprovecha ese incidente para invitar a su auditorio a un verdadero
arrepentimiento y a la conversión. Su argumentación es bien nítida: los
galileos asesinados no pagaron con esa muerte tan dramática un pecado mayor que
el de sus compatriotas; lo que se deduce del hecho es que una muerte repentina
tiene que hacer reflexionar a los vivos e incitarlos a arrepentirse y a
reformar su vida, es decir, a aceptar con fe la palabra salvífica de Dios, que
él mismo ha venido a proclamar. La existencia de cada persona puede truncarse
tan repentinamente como la de esos galileos. Y, sacando partido de ese
acontecimiento, Jesús pone en paralelismo el asesinato cruel de los galileos
con el accidente que sufrieron dieciocho habitantes de Jerusalén cuando se
derrumbó sobre ellos una torre de las antiguas murallas, cercana a la piscina
de Siloé. Puede ser que aquellas personas no fueran más culpables que los
anteriores –los galileos- o que los demás habitantes de Jerusalén; sin embargo,
también fueron sorprendidos por una muerte repentina. Así es la condición
humana; la muerte puede presentarse en el momento más imprevisto, como les
sucedió a las víctimas de la crueldad de Pilato o a los que sucumbieron bajo
los escombros de la torre de Siloé. En cualquier momento, incluso “esta misma
noche” (cf. Lc 12,20), puede Dios “reclamarnos la vida”.
Ahora bien, el sentido de
la higuera estéril, pone de relieve la fragilidad de la existencia humana y las
circunstancias críticas que la rodean. Como se le concedió a la higuera una
última oportunidad, salvándola de ser talada, la invitación que hace Jesús al
arrepentimiento sigue viva durante el corto tiempo de gracia que precede el
juicio de Dios; es la última oportunidad.
Pero tengamos en
consideración algo muy importante. Los galileos mueren por la crueldad de otro
ser humano, los dieciocho judíos murieron sólo por un accidente, en cambio en
el caso de la higuera estéril, es que ella debe morir porque no da fruto,
porque no es más que un parásito. En definitiva, eso es “el pecado más grande”.
La culpabilidad que brota de las continuas dilaciones y de la falta de decisión
personal es verdaderamente grave; mucho más que la que se pueda superar en una
muerte violenta o en un accidente inesperado. Ya es la hora entonces de aceptar la oportunidad que Dios mismo nos da,
dejando la pereza y las incesantes dilaciones y transformar esa actitud en
verdaderos frutos de conversión.
Finalmente, “Una higuera
plantada en su viña” ¿Qué significa? No se trata de cualquier viña, sino de una
plantada en su propiedad ¿A quién representa? En el Antiguo Testamento, la
“higuera” es uno de los símbolos del pueblo de Israel o de la tribu de Judá.
Leído hoy este texto para nosotros, significa que esa viña, es hoy la Iglesia,
somos nosotros los cristianos, los que debemos dar fruto en el ahora de
nuestras vidas.
P. Tony Salinas Avery
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