Mensaje P. Tony Salinas

lunes, 14 de abril de 2014
Al Encuentro de la Palabra…
“Vio la losa quitada del sepulcro…” (Domingo de Resurrección – Jn 20,1-9)

            En el testimonio de los apóstoles, como fundamento, se asienta la Iglesia. De eso tratan los textos de este particular Domingo de Gloria. Ellos en efecto, habían sido testigos de cómo pasó haciendo el bien y fueron testigos también de su resurrección que proclaman con alegría. Nuestra fe en Cristo resucitado se apoya en su fe. El inicio de esta absoluta y definitiva Buena Nueva, nos lo cuenta el evangelio de hoy, María Magdalena, que al amanecer de este primer día de la historia, fue y “vio la losa quitada del sepulcro”. Y luego corriendo fue a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y les sorprende con la noticia de que su cuerpo no estaba en el sepulcro. Ellos llegando y asomándose vieron algo inaudito, en efecto, solo estaban los signos materiales de su antiguo estado de muerte, es decir, el sudario y las vendas. Y allí mismo, nació su fe: ¡vieron y creyeron! “Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos”.
            Este creer, nos hace comprender, que la salvación aceptada por la fe es una de las causas más profundas de la alegría humana. ¿Qué significó para ellos que volviera a la vida? Es una pregunta de alto sentido teológico y a la vez práctico. Teológico, porque garantiza que tenemos un futuro asegurado por Dios, por medio de una Alianza eterna. Esperamos en verdad un hombre renovado, un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia. Jesús es en verdad, el Señor, es ya Cabeza de esta nueva creación. En su sentido práctico, podemos decir, se sienten llamados a la exigencia de una vida que se entregue sin descanso a transformar el mundo, alimentada por la esperanza de que el amor, es dar la propia vida, siendo incluso que más fuerte que la muerte. ¡Todo es posible para el amor!

            La experiencia de la Pascua, nos sitúa a ese primer momento de asombro y alegría, para aquellos primeros testigos, que deberán poco a poco y con la gracia del Espíritu, llegar a la comprensión plena de tan grade y máxima realidad: Jesús está vivo. Por eso, el Triduo Pascual, representa hoy como ayer, el centro y origen, la cumbre y la plenitud de nuestra vida cristiana. Celebrarlo es para quienes lo han comprendido desde la gracia del Espíritu, el más grande don que podamos recibir. Muchos andamos pidiendo siempre bendiciones, ignorantes claro está sin mala fe, que ya hemos sido bendecidos de una vez y para siempre, por este misterio de gracias salvadora. En verdad, con la muerte y la resurrección de Jesucristo, ya hemos sido bendecidos, requetebendecidos para siempre, nada ni nadie nos podrá separar jamás del amor de Dios. Si esto es así, debemos de vivir de ahora en adelante, bajo el Señorío de Jesucristo. Él es la Cabeza del pueblo humano y de la Iglesia, el Primero de la nueva creación. Gracias a su influjo, la historia camina a su plenitud. Como Señor, Él es la norma de toda realización humana. No hay otro Señor en el que podamos alcanzar la salvación. ¡Resucitó el Señor, Aleluya! ¡Verdaderamente ha resucitado, Aleluya! 

P. Tony Salinas

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