Mensaje P. Tony Salinas

lunes, 12 de enero de 2015
Al ver la estrella…” (Mt 2,1-12 – La Epifanía del Señor)

            La hermosa fiesta que hoy nos  convoca en el tiempo de la Navidad, va referida a la manifestación del Señor a todos los pueblos de la tierra. El término griego que lo señala es epifanía, cuyo significado refiere a la entrada poderosa, por méritos propios, en la fama de las gentes, y se refería a la llegada del rey a una ciudad. También servía para indicar la aparición de una divinidad o una intervención prodigiosa de ella. Con la presencia de los Magos venidos de Oriente, el autor sagrado, los sitúa como la primicia de los gentiles, es decir, ellos son los primeros de la manifestación de Jesús como Señor de todos los pueblos.  Se revela así el misterio escondido en Dios: “Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes dela Promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3,5-6). Es, pues, una solemnidad que desborda el tema concreto de los Magos de Oriente.
            Con la manifestación de Cristo, podemos decir que comienza la presentación pública de Jesús a toda la humanidad según el Evangelio de Mateo. La epifanía, constituye, en efecto, el primer acto de una secuencia de epifanías que sucederán a lo largo de la peregrinación terrena de Cristo.
            En esta perícopa mateana hallamos una serie de indicaciones espaciales y dinámicas: Belén, Jerusalén, estrella, venir desde oriente, preguntar en dónde, hemos venido, informarse, lugar, salir, con exactitud, ponerse en camino, encontrar, saber, partir, preceder, detenerse, ver, ofrecer, regresar, calle, casa, que sirven para dar un escenario concreto e histórico a los acontecimientos narrados. Todo pues en relación a la gran pregunta: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? (Mt 2,2), pregunta que se responde en Mt 2,11: “Entraron en la casa; vieron al niño con María, su madre, y, postrándose, lo adoraron”. Todo bajo la única guía, que en este caso ha sido una señal cósmica, la estrella, que hace de centinela en el camino que guía hasta el niño para los distinguidos visitantes.
            El relato como la misma fiesta de la Epifanía, nos presentan dos movimientos: por una parte, la epifanía es el movimiento de parte de Dios que nace en la realidad temporal y espacial de la historia humana; y, por otra, es el movimiento del ser humano que desde su realidad, va al encuentro de su Mesías aún sin conocerlo. Aunque en este segundo movimiento no todo es positivo, ya que se puede dar una reacción negativa y opuesta ante el anuncio de la salvación, prevaleciendo el imperio de la hostilidad y las tinieblas. San Mateo lo presenta con vehemencia: junto a los magos se levanta Herodes: “Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén” (Mt 2,3). El evangelista introduce desde las primeras palabras de su Evangelio el misterio del rechazo, de la rebelión, del pecado, de las tinieblas. Es más el mismo pueblo de la primera alianza aparecerá ahora con ojos ciegos y corazón endurecido. Lo cual denota que no basta conocer al Mesías, es necesario amarlo y aceptar su Evangelio.

             

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